Recorrer los Cárpatos Orientales, las montañas de la Moldavia rumana

recorrer los cárpatos orientales

Después de un día bastante relajado y con pocos kilómetros visitando los Monasterios de Bucovina, el quinto día de road trip por Rumanía nos tocaba probablemente la jornada más larga y con más carretera de todo el viaje: íbamos a recorrer los Cárpatos Orientales. Y a adentrarnos en las tierras de la Moldavia rumana.

Esta región, a parte de por sus muchos monasterios, destaca por la increíble belleza de sus paisajes. Así que penetrar en este territorio también significa descubrir la naturaleza de Rumanía en estado puro. Y hacerlo más allá de la famosa región de Transilvania y de las leyendas del Conde Drácula…

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La Moldavia rumana

Históricamente, el territorio de lo que hoy es Rumanía eran tres regiones (o principados) completamente independientes: Valaquia, al sur; Transilvania, al norte; y Moldavia, al este. Y la cordillera de los Cárpatos, con su forma de L invertida, era la división ente ellas.

En 1812, el Imperio Ruso se anexionó la mitad oriental del principado de Moldavia. Y unos cuantos años después, en 1859, la parte occidental se unió con Valaquia. Lo que acabaría dando lugar a la fundación del Reino de Rumanía.

Tras la Primera Guerra Mundial, Transilvania también se unió a Rumanía. Y la parte de la Moldavia rusa se convirtió en una de las Repúblicas Soviéticas. Para más adelante, después de la caída del telón de acero, proclamarse como un país independiente bajo el nombre de República de Moldavia. Pero nunca recuperó su zona más occidental, que se ha mantenido como parte de Rumanía hasta nuestros días.

Nosotros, aunque ya habíamos conocido un poquito de la Moldavia rumana visitando los Monasterios pintados de Bucovina, hoy íbamos a recorrer los Cárpatos Orientales, adentrándonos un poco más en la región. Probablemente una de las más impresionantes del país en cuanto a paisajes se refiere.

Qué ver al recorrer los Cárpatos Orientales

Partiendo de Gura Humorului, donde dormimos la noche anterior, teníamos una larga jornada de casi 400 kilómetros hasta Braşov, donde acabaríamos la ruta del día. Pero tantas horas de carretera se verían recompensadas por unos paisajes espectaculares. Así que a continuación os cuento tres lugares imprescindibles que ver al recorrer los Cárpatos Orientales.

Monasterio de Neamţ

Nuestra primera parada fue en el Monasterio de Neamţ. Que, construido en el siglo XIV, es el más antiguo de Moldavia. Y además es considerado por muchos como el Jerusalén de los cristianos ortodoxos. Así que, ¡es una parada 100% imprescindible!

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Durante siglos fue el hogar de copistas y escribanos. Quienes se encargaron de dejar un gran patrimonio literario que ha llegado a nuestros días. Actualmente, la biblioteca del monasterio conserva más de 20.000 ejemplares de un valor incalculable. Siendo así una de las más importantes de Rumanía.

También es posible visitar en su interior un museo de arte medieval y sacro que se encuentra en las dependencias del claustro. Y para acabar, no hay que perderse la tienda del monasterio. Alojada en un pequeño baptisterio justo enfrente, su interior es un auténtico caos. Pero merece la pena acercarse a echarle un ojo.

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Parque Nacional Cheile Bicazului-Hăşmaş

Apenas unos kilómetros separan el Monasterio de Neamţ de la entrada de este Parque Nacional. Que sin duda es el verdadero atractivo de recorrer los Cárpatos Orientales. Y la auténtica frontera entre Transilvania y Moldavia.

En cuanto empecéis a adentraros en el territorio del parque os daréis cuenta de que sus más de 6.000 hectáreas rebosan belleza. Pero hay dos lugares que os dejarán con la boca abierta: el desfiladero (o garganta) de Bicaz y el Lago Rojo. Así que no dudéis ni un segundo en incluir una parada en ellos si os decidís a recorrer los Cárpatos Orientales.

Desfiladero de Bicaz

El desfiladero de Bicaz no es una parada en sí, pues es la estrecha garganta por la que discurre el río Bicaz a lo largo de 8 kilómetros. Y lo más impresionante es ir viendo cómo, a medida que la carretera avanza, su ancho disminuye y las rocas se van cerrando en su parte más alta.

Aunque es bastante difícil encontrar un lugar en el que parar, sobre todo en temporada alta, porque los márgenes de la estrecha carretera se abarrotan de puestos para turistas en los que comprar todo tipo de souvenirs. Hay un punto, justo donde más puestos se congregan en mitad de una curva, que es un poco más ancho y acaba resultando el mejor lugar para detenerse. Desde allí, las vistas del río Bicaz hacen que haberse embarcado en recorrer los Cárpatos Orientales haya merecido la pena.

Lago Rojo

Después de atravesar el estrecho desfiladero de Bicaz, las montañas dan una tregua y se abren, dando lugar a otro paraje impresionante: el Lago Rojo. Quizás de los que más nos gustaron en este road trip.

El lago se formó como consecuencia del desprendimiento de una ladera en 1837. Y sus aguas son de color rojizo por su alto contenido en óxido de hierro.

Pero sin duda a mí me gusta más la leyenda que cuenta la historia de dos enamorados que tuvieron que separarse poco antes de la boda porque él fue llamado a filas. La muchacha le juró que le esperaría, pero su amado no volvía y otro hombre se encaprichó de ella. Como la joven le rechazaba, acabó secuestrándola. Ella, desesperada, le pidió a las montañas que la ayudaran. Y éstas respondieron causando un terremoto con el que se vino abajo una ladera sepultando al secuestrador y formando el lago. Un lago cuyas aguas eran rojas por la sangre del hombre…

Original, ¿verdad? Bueno, pues cambiando de tema, cuando nosotros visitamos el lago, no era para nada rojo. Hacía un frío que pelaba y el lago estaba completamente helado, así que era blanco nuclear.

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Si viajáis en verano, el paisaje será diferente, pero igualmente espectacular. Además, cuando hace buen tiempo, se llena de visitantes que se acercan a darse un baño. O a practicar deportes acuáticos. Así que es una parada imprescindible para todo aquel que quiera recorrer los Cárpatos Orientales.

También hay muchos restaurantes y hoteles en la zona. Por lo que es ideal para comer algo. O, incluso, para hacer noche. Nosotros comimos aquí y descansamos un rato antes de emprender de nuevo la ruta. Ya que aún nos quedaban 200 kilómetros para llegar a Braşov, donde pasaríamos la noche.

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Y ahora, después de todo lo que ya os he contado sobre Rumanía, ¿os habéis animado por fin a visitar este país tan poco conocido?

¡Contádmelo!

 

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