Visitar el Gran Cañón. La excursión perfecta desde Las Vegas.

visitar el gran cañon

Cualquiera que se plantee hacer una ruta por el Oeste de Estados Unidos tiene que saber que visitar el Gran Cañón es algo que hay que hacer sí o sí. Y no sólo porque sea el Parque Nacional más famoso del país. Sino porque sus casi 5.000 km2 guardan cientos de rincones que merece la pena descubrir. Aunque, si no te sobra el tiempo, tampoco te preocupes. Se puede visitar el Gran Cañón desde Las Vegas y ver lo más imprescindible.

El Gran Cañón y sus 6 millones de años de historia

Mucho antes de que nosotros apareciésemos en el planeta (concretamente unos 6 millones de años), el río Colorado ya estaba allí. Y ya estaba excavando su cauce en las montañas del oeste americano. En las tierras de lo que hoy es Arizona. Y pese a que el Colorado discurre a lo largo de más de 2.000 km, desde las Montañas Rocosas hasta el Golfo de California, lo que conocemos como Gran Cañón, y que es donde la roca ha sido excavada hasta profundidades de más de 1.500 metros, son sólo 450 kilómetros. Que se dice pronto.

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Hay pruebas de que la región estuvo habitada desde hace más de 3.000 años. Pero los primeros registros escritos fueron los que dejaron los españoles tras su primera expedición a la zona en el siglo XVI. Más adelante enviaron, sin mucho éxito, alguna misión para evangelizar a las tribus locales. Aunque no fue hasta el siglo XIX que los americanos, en su imparable conquista del oeste, llegaron nuevamente al cañón.

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Desde ese momento empieza a despertar la curiosidad de geólogos y naturistas y, en 1919, el gobierno cede a las presiones y lo inscribe como Parque Nacional. Para finalmente ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979.

Cómo visitar el Gran Cañón desde Las Vegas

La superficie del cañón es gigantesca. Y cuenta con multitud de entradas, rutas y miradores desde donde ver las impresionantes formaciones geológicas que el río ha moldeado con el paso de los años.

Una de las entradas más populares para visitar el Gran Cañón es la puerta sur. O South Rim. Al que se llega con facilidad desde Williams o Flagstaff si estáis haciendo la Ruta 66 o algún itinerario por los parques de Arizona. El North Rim, la puerta norte, será por donde entraréis si venís desde Page o los parques de Utah.

Pero si vais a visitar el Gran Cañón desde las Vegas, lo haréis por el West Rim. La entrada oeste que está a poco más de 2 horas en coche de la ciudad del pecado.

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Así que, tanto si habéis alquilado un coche (como hicimos nosotras), como si decidís contratar un tour, visitar el Gran Cañón es la excursión perfecta para hacer en un día desde Las Vegas. Pero si queréis que la jornada os cunda, os recomiendo salir a primerísima hora. Una buena idea es llegar al visitor center en torno a las 9 o 9 y media de la mañana. Así os dará tiempo a explorar el West Rim a fondo y estar de vuelta en Las Vegas a una buena hora.

Vale, sí, hay que madrugar mucho, pero en este viaje de 13 días en la Costa Oeste hicimos nuestra la máxima de you can sleep when you’re dead. O los días se nos iban a esfumar delante de nuestras narices. ¡¡Y os recomiendo que hagáis lo mismo!!

Visitar el Gran Cañón: qué ver en el West Rim

Dentro del West Rim hay 3 puntos que se pueden visitar. Y entre ellos hay que desplazarse con unos shuttle (autobuses lanzadera) que se incluyen en el precio de la entrada (salvo que accedas usando el pase America the Beautiful, en cuyo caso tendrás que comprar tu ticket para utilizar la lanzadera).

Pero, si vais a visitar el Gran Cañón, os recomiendo que hagáis la visita completa. Es decir, que incluyáis en vuestros planes el sobrevuelo en helicóptero del cañón. Y, ya de paso, que lo contratéis con aterrizaje en la brecha y paseo en barco por el río Colorado.

Tanto las entradas como los tickets para el helicóptero y el barco se pueden comprar directamente allí. En Las Vegas o el centro de visitantes del cañón. Aunque lo mejor es llevarlo contratado desde casa (nosotras lo hicimos con Civitatis). Así cuando lleguéis sólo tenéis que empezar a disfrutar del paisaje.

Sobrevuelo en helicóptero del cañón

Si os habéis animado a volar en helicóptero (que espero que sí, porque es una auténtica pasada), seguramente esto sea lo primero que hagáis. Así que lo mejor es, como os he dicho, llegar temprano para que haya menos gente.

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En cada helicóptero pueden subir hasta 5 personas. Dos delante con el piloto y tres detrás. Cuando vayáis al mostrador a hacer el check-in del vuelo, si nadie se ha registrado aún os ofrecerán los asientos de delante (que, lógicamente, son los mejores) y lo apuntarán en vuestro albarán. No tiene ningún coste extra ni nada. Simplemente necesitan saber quién irá delante por la distribución del peso. Y sí os lo estáis preguntando, sí, os van a subir a una báscula en cuanto pongáis las patitas en la oficina.

Nosotras tuvimos la suerte de ir las 3 solas. Así que a la vuelta nos cambiamos y todas pudimos disfrutar de ir delante. Pero, si os toca ir detrás, no os preocupéis. Como la cabina es panorámica, tendréis desde cualquier asiento unas vistas para caerse de culo.

Y no digo nada más. Una (o varias) imágenes valen más que mil palabras…

Después de haberlo hecho, sólo puedo decir que contratar el sobrevuelo en helicóptero es lo mejor que se puede hacer al visitar el Gran Cañón. Así que, ¡¡ni os lo penséis!! Merece la pena 100%.

Paseo en barco por el río colorado

Después de unos minutos volando, y casi tocando las paredes del cañón con las manos, se aterriza en el fondo de la roca. Justo al lado del río. Donde se embarca para un pequeño recorrido surcando las aguas del famoso Colorado.

Dura unos 20 minutos. Y, si tenéis la suerte de tener una guía/patrón de barco tan genial como la nuestra, os contará un montón de detalles sobre la formación geológica del parque natural y sobre la historia de la región y las tribus que la han habitado.

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Desde abajo os sentiréis como hormiguitas viendo los cortes de la roca hacia arriba. Y alucinaréis con cómo se oye vuestro propio eco. Así que merece la pena tomarse un respiro y disfrutar unos minutos de la maravilla que se tiene delante. Después, no queda más remedio que volver a subir al helicóptero. Pero, ánimo, aún hay otros pocos minutos más para disfrutar a vista de pájaro. Y todavía queda mucha visita por delante…

Rancho Hualapai

Una vez puestos los pies en la tierra, es el momento de continuar con las visitas. Y, para ello, sólo hay que subirse a uno de los shuttle que salen constantemente del centro de visitantes y bajarse en la primera parada: el rancho Hualapai.

Es una recreación de un rancho vaquero totalmente ambientado para los turistas. Tiene su tienda de recuerdos, su restaurante y hasta su hotel. Así que, si quieres dormir dentro del parque al visitar el Gran Cañón, éste es tu sitio. Pero si sólo estás de paso, lo que verdaderamente merece la pena son las vistas al cañón que se pueden ver al final de la “calle principal”.

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Eagle Point (y Skywalk)

La segunda parada ya es otro cantar. El punto del águila, que se llama así por una roca que recuerda a estas majestuosas aves que, con un poco de suerte, también veréis, es uno de los mejores miradores del West Rim.

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Y también es el lugar donde está el famoso skywalk. Una pasarela de cristal sobre el mismísimo cañón. Las vistas son impresionantes, pero su precio también lo es. Cuesta unos 35$ dólares. Y está prohibido entrar con cualquier tipo de cámara o móvil. Si quieres una foto de recuerdo no tendrás más remedio que pagar al fotógrafo oficial. Así que, visto lo visto, nosotras decidimos ahorrárnoslo.

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Por último, antes de llegar a la parada final y para seguir con las cosas 100% turísticas, en los alrededores de Eagle point también podéis visitar una recreación de un poblado indio.  Y comprar la típica artesanía (a precio de oro, claro).

Guano Point

Si por algo merece la pena visitar el Gran Cañón en el West Rim (además de por el vuelo el helicóptero) es por las vistas desde Guano Point. La última parada del itinerario de los autobuses lanzadera.

A diferencia de las dos paradas anteriores, en esta no hay cadenas ni vallas de protección. Aunque eso no quiere decir que el corte de la roca sea menos espectacular. Sólo quiere decir que, en algunos puntos se puede hacer un poco el cabra y subirse a alguna que otra piedra para conseguir la foto perfecta.

Impresionante, ¿verdad?

Una vez explorados todos los recovecos de Guano Point, que no son pocos, es irremediable tener que decirle adiós a uno de los mejores Parques Nacionales de Estados Unidos… Aunque si tenéis hambre, todavía podéis aprovechar para comer allí y seguir alucinando con el entorno un ratito más.

A continuación os cuento dónde hacerlo 😉 .

Visitar el Gran Cañón: dónde comer

Hayáis madrugado o no para visitar el Gran Cañón, con todo lo que hay que ver, seguro que os entra el hambre y se os hace la hora de comer. Y hay varias opciones para hacerlo dentro del parque. Pese a que está prohibido acceder con comida y bebida, nadie te comprueba las mochilas. Por lo que una primera opción podría ser llevar bocadillos y comérselos en alguno de los merenderos que hay.

Pero también hay otras alternativas. Por ejemplo, si tenéis contratado un tour completo (como el nuestro) para visitar el Gran Cañón, tendréis la comida incluida. Y si no, la podéis pagar allí directamente. Aunque esta última opción no es tan económica (cuesta alrededor de 15-20$).

Dicho esto, hay 2 sitios en los que se puede comer utilizando el bono de comida:

  • El Rancho Hualapai tiene un restaurante que imita a un salón del lejano oeste. Sirven costillas barbacoa o pollo asado con 2 guarniciones a elegir. Agua y postre incluido.
  • En Guano Point también hay una cantina donde sirven el almuerzo. Se puede elegir entre carne mechada y pollo asado. Acompañado de puré de patatas, una mazorca de maíz y ensalada. También con agua y postre.

comida

Y la última opción, si no lleváis la comida contratada, es comer en el nuevo restaurante panorámico que han abierto en el skywalk. Sirven hamburguesas, alitas y otros platos sencillos de cocina americana. Pero os podéis imaginar el precio…

 

**BONUS** Presa Hoover y lago Mead

Después de visitar el Gran Cañón, en el camino de regreso a Las Vegas, hay otra parada que merece la pena hacer si os sobra algo de tiempo: la Presa Hoover. Que se sitúa justo en la frontera entre los estados de Nevada y Arizona. Y pertenece al Registro Nacional de Lugares Históricos de EEUU.

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Tras su construcción, y pese a que originalmente se iba a llamar presa Boulder, decidieron nombrarla en honor a Herbert Hoover. El Secretario de Comercio y después Presidente de EEUU que fue vital para su construcción.

Aunque se edificó en los años 20 del siglo pasado, durante la Gran Depresión, fue en un tiempo récord. Y se levantó para evitar las constantes inundaciones que sufrían las poblaciones cercanas a la desembocadura del río Colorado cada vez que era el deshielo en las Montañas Rocosas. Y también para garantizar un suministro de agua constante a las poblaciones más áridas. Además, también se aprovechó para instalar en su interior una central hidroeléctrica. Que continúa a pleno rendimiento a día de hoy.

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Aunque, si queréis tener unas vistas espectaculares de una de las mejores muestras de arquitectura art decó civil, no os conforméis con verla desde abajo. Hay que subir al puente que pasa junto a la carretera US-93 (desde el coche no se ve nada). Y así contemplar también el Lago Mead. Que se forma como consecuencia del agua que recoge la presa.

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Sin duda un buen colofón para el día. Y más después de la experiencia de visitar el Gran Cañón y sobrevolarlo en helicóptero. Pero bueno, Las Vegas nos esperaba a 50 kilómetros y era nuestra última noche en la ciudad. Así que teníamos que aprovecharla…

 

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